Neorrealismo: el dramatismo italiano de posguerra

Michelangelo Antonioni, Luchino Visconti, Gianni Puccini, Guiseppe de Santis, Roberto Rosselli… Todo ellos eran cineastas que se agrupaban en torno a la revista Cinema y que le dieron vida al movimiento conocido como neorrealismo en la Italia de la Segunda Guerra Mundial. Se podría decir que el neorrealismo nació oficialmente con la presentación de Roma, ciudad abierta (Roma, città aperta) de Rossellini, rodada con grandes limitaciones (por ejemplo, utilizando película muda y muchas veces caducada) entre 1944 y 1945, cuando la ocupación nazi, débil pero presente, aún marchaba por las calles de Roma.

Roma ciudad abierta

Roma, ciudad abierta

La principal característica del neorrealismo era representar la vida cotidiana, a mitad de camino entre relato y documental. La escasez de medios disponibles después de 1944 obligaba a rodar en las calles, ambientando los largometrajes en escenarios auténticos. Rossellini demostró que era posible hacer cine sin el respaldo de un poderoso aparto industrial detrás, fuera de los decorados fabricados en los “platós” de los estudios, sacando la cámara a las calles y recorriendo los senderos de una Italia aún en ruinas, pero más vital y auténtica que cualquier decorado. Además, sin grandes estrellas ni actores profesionales.

El cine neorrealista italiano desplazó el acento sobre individuo hacia la colectividad, al mundo de los humildes y a la autenticidad de los sentimientos. La experiencia dolorosa de la guerra, el trauma de la ocupación, el espíritu de la resistencia y la crisis económica generaban situaciones angustiosa, maravillosamente representadas por Vittorio de Sica, Luchino Visconti y Giuseppe De Santis, entre otros. Pero tal vez su sello personal es el fuerte sentimiento de fracaso que inunda a los personajes, puesto que a pesar de todos sus esfuerzos, nunca llegan a resolver sus conflictos: el pescador de La tierra tiembla (Visconti, 1948) no consigue deshacerse del intermediario, el jubilado de Umberto D. (de Sica, 1952) no obtiene el dinero necesario para no ser desalojado de la pensión, los partisani de Rossellini acaban en el patíbulo, el personaje de Ladrones de bicicletas (de Sica, 1948) no recupera su bicicleta, etc. Así, el neorrealismo italiano se rebeló contra la artificialidad del cine clásico de Hollywood, sus happy endings y el star system.

Roma, ciudad abierta muestra una Italia fragmentada por la ocupación nazi, la resistencia de los humildes y la inocencia de los niños. Esta película ha dejado una imagen clásica en la historia del cine, la de Anna Magnani corriendo detrás del camión nazi que se lleva prisionero a su esposo y cayendo al piso desconsolada. Por su parte, Aldo Fabrizi, supo hacer reír a pesar de la adversidad.

Ladrones de bicicletas (Ladri di Biciclette) es otra de las obras cumbre del neorrealismo italiano. Los actores alcanzan un alto grado de dramatismo sin ser profesionales. Lianella Carrell era periodista, Enzo Staiola fue encontrado entre curiosos que presenciaban el rodaje de la película, y Lamberto 0Maggiorani era un obrero de verdad. Una engorrosa leyenda cuenta que para el pequeño Staiola pudiera llorar en una escena, el propio de Sica lo abofeteó. Esta maravillosa pieza del séptimo arte forma parte de una trilogía de de Sica que recorre los problemas existenciales del hombre posmoderno desde la niñez (El limpiabotas), pasando por la adultez (Ladrones de bicicletas) hasta que son ancianos (Umberto D.).

Ladrones de bicicletas

Ladrones de bicicletas

Tras colaborar en los guiones de varios films de Rossellini, Federico Fellini se consagró como un genio del cine con la amarga La strada (1954), obra maestra que tiene como protagonistas a Anthony Quinn y a Giulietta Masina (su esposa en aquel entonces), quien se encargó de popularizar la frase “è arrivato Zampanò“.

La Strada

La starda

Tanto Fellini como Antonioni y Pasolini se encargaron de continuar y profundizar el primer neorrealismo. Este fue el paso a una nueva generación. El propio Antonioni reclamaba “un neorrealismo sin bicicletas”, sin el melodrama clásico que aún lastraba a las primeras películas. Así llevaron adelante este proyecto, cada uno a su modo, los integrantes de la Nouvelle Vague Francesa y del Nuevo Cine Alemán.

Nota: Celuloide, película de Carlo Lizzani (1997), muestra de una manera muy peculiar la filmación de Roma, cittá aperta con las actuaciones Giancarlo Giannini, Masimo Ghini, Anna Falchi, Lina Sastri, Antonello Fassari e incluso una breve aparición de Christopher Walken encarnando a un militar norteamericano.

Imprimir

Tags:

2 comentarios

Comments RSS

  1. Laura Mahfud dice:

    Muy interesante tu reseña! El tema es atractivo, la información es pertinente y los ejemplos son acertados. Saludos!!

  2. Raquel dice:

    Quería felicitarla anabella por el artículo que desarrollo en este espacio, con su creatividad artística, demostrandonos no sólo su lado como escritora, que me resulta de gran calidad y excelencia, sino además por la información que transmite en estas líneas de manera explicativa y entendible. Realmente me fue de mucho agrado haber leído este texto en donde se encuentra plasmado parte de la historia que constituye nuesra realidad, respecto al cine y que, a su vez, debemos tenerla presente. Gracias y nuevamente felicitaciones.
    Te deseo los mejores éxitos.

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Top