Globo de Oro al mejor actor; premio Bafta en la misma categoría… hablo de Daniel Day Lewis y de la película Pozos de Ambición. Esta será de esas películas que se recordarán siempre por la interpretación del protagonista más que por el guión en sí, y así lo están reconociendo todas las Academias de Cine y cuantos amantes tiene el buen cine. Y pronto, sin duda alguna, acumulará un premio más: el Oscar de Hollywood.

Daniel Day Lewis es de esos actores que llenan una pantalla, de los que dan nombre a una película, pero al mismo tiempo eclipsan a cuanto se mueve alrededor. Su vena dramática, la fuerza que transmite en cada interpretación le han hecho merecedor a hacerse un hueco en la meca del cine y en el estrellato. Sólo cuatro películas ha rodado en los últimos siete años, pero cada interpretación ha sido un dechado de virtudes, de expresiones, de voces, de gestos que han dado vida y personalidad a cada uno de sus personajes. The Boxer, mi pie izquierdo, Gangs of New York y The Ballad of Jack and Rose han sido esos referentes anteriores.
Con Pozos de Ambición Daniel Day Lewis ha sido capaz de dar vida a un personaje, Daniel Plainview, capaz de arrancar los más diferentes sentimientos en el espectador, de comprensión, de rebeldía, de odio, de repulsa. Sentimientos que se van transformando en el transcurso de la película merced a la pasión que en cada secuencia pone el actor en su papel. Y es que Daniel Plainview es un joven ambicioso que, a principios del siglo XX, vive con la seguridad de encontrar petróleo. Un día, Plainview, recibe una información acerca de un terreno que alberga en el subsuelo una gran cantidad del oro negro. Sin embargo, el terreno es propiedad de un predicador que sólo se muestra a venderlo a cambio de su colaboración económica en la construcción de una iglesia. Cuando pasa a su propiedad descubre que efectivamente el terreno estaba inundado en petróleo y en poco tiempo se convierte en un poderoso multimillonario cuya única ambición a partir de ese momento es vencer a la Standard Oil, su rival en el negocio.
La película, basada en el libro de Upton Sinclair, “Oil!” sobre la vida real de Edward L. Doheny, ofrece una imagen clara de cómo el dinero puede llegar a cambiar a una persona y convertirla en un ser vil y corrupto. de cómo la avaricia puede conducir a la soledad y a la repulsa de cuántos le rodean, y lo hace durante dos horas, mostrando al público una actuación que se recordará mucho tiempo.
¿El final?… mejor quedarse con todo el resto de la película y con los muchos momentos cinematográficos que nos ofrece, como la explosión de la refinería, o los dialogos del actor, entusiasmado y con una personalidad arrolladora ante cuantos le oyen.
Ficha técnica de Pozos de Ambición


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[...] manera ofrecer gotas de su esencia servidas en tarros de cristal (recordemos Mi Pie Izquierdo, o Pozos de Ambición, entre otras), le lleva a bordar cada uno de los papeles que coge entre sus [...]
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