El Montaje Paralelo

Para todos aquellos amantes del cine que quieran introducirse en el mundillo, tanto si quieren hacer cortometrajes, largometrajes, documentales o reportajes, vamos a explicar los principios del Lenguaje Cinematográfico. Desde la creación y redacción de un guión, el storyboard, los tipos de planos y para qué sirven (primer plano, plano americano, plano cenital, etc), la duración de los mismos e incluso el montaje posterior, daremos un repaso a los conceptos y técnicas más empleados por los profesionales del universo audiovisual.

A la hora de contar una historia a través de la pantalla, y si queremos que el espectador mantenga la atención en nuestra producción, debemos tener en cuenta una serie de pautas. Además de un guión bien estructurado, el uso correcto de la cámara y buenos actores, necesitamos una forma eficiente de contar nuestra historia.

Ya que el cineasta no puede calibrar en directo la reacción del público con respecto a su película, lo más adecuado para garantizar el éxito (o al menos parte de él) es usar una forma de expresión, ya probada, que llame la atención, que mantenga al espectador “expectante”.

No es saludable para ninguna historia la falta de misterio. Al espectador le gusta darse cuenta de las cosas, mantener la curiosidad y el ojo atento a nuevos detalles, si se lo dan todo hecho se aburre. Las películas que descuidan esto, terminan por irritarnos, aunque no sepamos el por qué.

Una de las herramientas más utilizadas del lenguaje cinematográfico es el llamado “Montaje Paralelo“, que consiste en la alternancia de dos o más centros de interés (escenas) que pueden estar relacionados en el espacio, tiempo o compartir una motivación común. Ésto nos muestra con una mayor profundidad las líneas narrativas y/o conflictivas y da al espectador una visión más amplia y rica, dejándole descubrir por sí mismo las sutiles relaciones entre ambas y nos da diferentes puntos de vista de la misma situación.

En casi cualquier película o serie podemos encontrar ejemplos de esta técnica, veamos un ejemplo con dos escenas relacionadas en el tiempo y el espacio (1 y 2 son las diferentes escenas, numeradas para su distinción):

1-Un niño juega con una pelota (en su jardín).
2-Un hombre conduce su coche cruzando un vecindario.
1-El niño da una patada a la pelota y ésta va hacia la carretera.
2-El conductor, apartando la vista de la carretera, busca una emisora en la radio.
1-La pelota cae en medio del asfalto.
2-El conductor levanta súbitamente la vista y ve al niño llegando al centro de la carretera y frena.
1-El niño, asustado por el ruido del frenazo, ve el coche y lo esquiva por los pelos.

Este ejemplo ilustra dos partes de una misma situación a la vez que nos explica como y por qué se produce. Incluso antes de que ocurra ya tenemos la certeza de que algo va a pasar, vemos las posibilidades e imaginamos lo que va a ocurrir, pero no podemos estar seguros hasta el final. Por el contrario, si sólo viéramos al niño o al conductor, como ocurriría en la vida real, nos daría la impresión de que algo no funciona, de que falta información.

Por supuesto, podemos usar esta técnica para todo tipo de argumentos y situaciones. Tanto el romance como el drama, el suspense y el terror o la comedia pueden plantearnos muchos retos a la hora de contar nuestra historia.

Las líneas argumentales que usemos podrán estar relacionadas entre sí por el tiempo (que ocurran en el mismo momento), el espacio (en el mismo lugar) o que compartan una motivación (en cuyo caso podrían no estar ocurriendo en el mismo tiempo o espacio). Para mantener la coherencia del argumento y no desorientar al espectador, se debe usar al menos una de estas tres relaciones.

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