El concepto de tiempo en el Cine

Dentro del apartado de Lenguaje Audiovisual y Cinematográfico, hoy vamos a concederle un tiempo al tiempo, valga la redundancia, y tratar de explicar como se puede manipular a nuestro antojo para contar una historia que puede durar 10 o 1000 años en una película de menos de dos horas. Ya sea por medio del uso de fundidos a negro, de la cámara lenta o rápida o por simples cortes en la continuidad de una historia, el cine nos presenta una serie de útiles herramientas con las que narrar nuestra historia.

Uno de los recursos fundamentales de la narrativa cinematográfica y teatral es la deformación del tiempo, bien para acortar una escena, hacerla más larga o para llevarnos hacia el pasado o el futuro. Cualquier producción audiovisual debe poseer una cierta continuidad y poder contarnos hechos pasados o por venir, sin que ello resulte un inconveniente para la interpretación del espectador, por lo que se utilizan una serie de recursos que os describimos a continuación.

El paso del tiempo en el cine es relativo, las cosas pueden durar más o menos que en la realidad y dicha duración siempre deberá ir en función de lo que queramos expresar, dependiendo del tipo de producción en el que trabajemos.

Tiempo Real: Al contrario que en el cine, los documentales o incluso los noticiarios, el tiempo en la vida real no puede ser manipulado (aunque si podemos percibirlo de diferente manera). Un hecho en la realidad dura lo que dura, sin más dilaciones, mientras que en el cine puede ser representado de distintas maneras. Imaginemos a un hombre que se levanta por la mañana, prepara su desayuno y luego se asea y se viste para ir a trabajar, cosa que puede durar unos 40 minutos en la vida real. Pero en el cine no tenemos por qué mostrar todo el proceso, segundo a segundo (a no ser que sea nuestra intención).

Tiempo cinematográfico: He aquí uno de los trucos de magia del cine, el tiempo al servicio del hombre. Imaginemos de nuevo al hombre que se levanta y se prepara para ir a trabajar durante 40 minutos, pero ésta vez sólo necesitaremos apenas 2 o 3 minutos como mucho. Por ejemplo: suena el despertador (en primero plano) y la mano de nuestro protagonista cae sobre él; acto seguido pasamos directamente a nuestro hombre en el baño, lavándose la cara y quizá maldiciendo por tener que madrugar. No es obligatorio para la continuidad de una película el mostrar cada paso que se da, puesto que todos damos por sentado que han ocurrido cosas entre medio, sino sólo los elementos importantes en la narración, nuestra mente se encarga de juntar estas piezas y crear la línea temporal. Normalmente, para abreviar estas acciones basta con omitir todo aquello que no sea determinante para la narración.

Elipsis: Se trata de mostrar el paso del tiempo mediante la conjunción de diferentes momentos, alejados en el tiempo desde minutos hasta siglos. Imaginemos esta vez un plano de un tranquilo bosque bañado por los rayos del sol, pasamos a un fundido a negro y volvemos a mostrar el bosque, esta vez cubierto por la nieve invernal. Esto da a entender al espectador que ha pasado un periodo de tiempo relativamente largo entre ambas escenas.

Distensión: Es alargar el tiempo que dura un acontecimiento bien para darle énfasis o tensión, o bien para que el espectador pueda fijarse mejor en los detalles durante la acción. Por ejemplo, la clásica cámara lenta en una escena de acción donde el protagonista realiza alguna maniobra arriesgada, como podría ser saltar desde una ventana o esquivar balas al más puro estilo Matrix.

Adecuación: Es la equiparación del tiempo real y el cinematográfico, cuando en la pantalla las acciones duran lo mismo que en la realidad. Un buen ejemplo de adecuación es la película La Soga, del genial Alfred Hitchcock, en la que todo tiene la duración que le corresponde en la realidad y no se usan saltos en el tiempo.

Saltos en el Tiempo: también llamados Flash-back (cuando van hacia atrás) y Flash-forward (cuando es hacia delante), son un recurso muy útil y que tiene muchas posibilidades narrativas. Pongamos como ejemplo cualquier película que comience con la muerte de su protagonista, poniendo al espectador en la intriga sobre lo que sucederá hasta que llegue ese momento.

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