El Septimo Sello: Jaque a la Muerte

Cada vez que se estudia El séptimo sello (1957) de Ingmar Bergman, comprende uno porqué Shakespeare escribió alguna vez “estamos hechos de la misma materia que los sueños” y como propuso en alguna parte el inolvidable suicida Kirilov de Los Demonios de Dostoievsky (personaje tan caro a Camus y a Cioran) hermano espiritual del caballero Antonius Block, verdaderos portaestandartes de la intuición trágica del corazón del ser— es posible sentir que el mecerse calmo de una hoja de otoño justifica la existencia del mundo entero.

Así entonces el cineasta sueco Ingmar Bergman, en El Séptimo Sello, nos construye una puerta oscura a la procedencia misteriosa del mundo y sus contenidos, a sus secretos y manifestaciones más crípticas; el arte es la llave de este umbral en donde podemos atrevernos a cruzar hacia el silencio y jugarnos, obligatoriamente, el sino total de la existencia de uno mismo, en una apuesta total, arrebatadora y desengañadora al extremo, pero por lo demás fascinante, jubilosa y siempre sublime.

Septimo Sello

El ARGUMENTO

Durante el medioevo Europa es azotada por la peste negra. El caballero cruzado Antonius Block (Max von Sydow), y Jöns (Gunnar Björnstrand) su valiente escudero, vuelven a Suecia tras varios años de luchar duramente en Tierra Santa. Retorna Block sumamente afligido y ahogado de incertidumbres. Entonces la Muerte misma se le aparece para llevárselo. Pugnando por obtener respuestas a sus capitales interrogantes antes de dejar la vida, el caballero propone a la Muerte (Bengt Ekerot) a jugar una partida de ajedrez.

Block luchará por hallar en su atribulado mundo, un sentido al problema de la posibilidad misma de la vida, de la muerte y de la misma existencia de Dios, mientras dure la partida. La obra cumbre de Ingmar Bergman.

Jaque a la muerte.

¿Vale la pena jugarse la vida ante la muerte inexorable?

En su brillante película El Séptimo Sello, el laureado cineasta sueco Ingmar Bergman responde que sí, en efecto, vale la pena exponerlo todo con tal de seguir viviendo, pero no por medio de acciones temerarias o acudiendo a la belicosidad, sino revalorando cada instante de la vida, intensificando cada momento, a modo de sublimar cada recuerdo que quede atesorado en nuestra conciencia para compartirlo con nuestros semejantes.

En un impresionante mosaico medieval, Bergman relata los vagabundeos de un joven caballero cruzado, intelectual y cuestionador, y de su astuto y escéptico escudero, ambos en busca de sentido en un caótico entorno de superstición y peste que los abruma por completo.

El caballero decide retar a la figura siniestra de la muerte que se le aparece de súbito, a un difícil juego de ajedrez, con el fin de agenciarse el tiempo justo para poder encontrar una respuesta a sus capitales interrogantes sobre la brevedad de la existencia y el silencio de Dios ante los lamentos de un mundo sufriente.

Al final, a pesar de no impedir verse arrastrado por los designios del heraldo de ultratumba, el caballero logra vencerlo en un cierto y hondo sentido, al hallar una solución a los enigmas que lo atosigan en la voluntad de sacrificio propio y la comunión con el prójimo, auxiliando a una joven pareja de juglares y su pequeño hijo, inocentes y bondadosos, apresurando su jaque en la partida para así distraer y alejarles la sombra fría de la muerte que ya les acechaba.

Es valioso apreciar el profundo mensaje del corazón de la cinta, cuando en un almuerzo campestre el caballero y sus acompañantes peregrinos comparten sus alimentos y esperanzas, pero más allá de esto, el sentimiento de que a pesar de que es imposible no reconocer lo necesario e inevitable del final de toda existencia, se puede vivir para siempre, no obstante, en el recuerdo de todas las personas a quienes brindamos, en base a la comunicación y a la nobleza de nuestras acciones, una oportunidad de ser mejores y felices hasta el último día de sus vidas.

SeptimoSelloAjedrez

Destacar una escena sobre las demás:

¿Cómo no sentir el roce del contacto metafísico en aquellos famosos momentos bergmaneanos, verdaderos oasis de esperanza trascendente, que ocultos en medio de extensos desiertos de sordidez , se constituyen en remansos en donde el silencio se hace amigo nuestro y nos cuenta los secretos de la otredad más inasible?

Por ejemplo en la escena del almuerzo de la familia de los saltimbanquis con el caballero-filósofo, un soberbio Max von Sydow, y su desengañado escudero esta profunda cinta, en donde de súbito todos comparten la intuición conmovedora de la falsedad de su mundo medieval, recargado de sentido y agobiado por el yugo de lo necesario —representado este por la siniestra figura de una muerte apostadora y despiadada— y que encuentran una certidumbre redentora en la hermandad de lo expresivo, de lo fugaz de la vida, al compartir el recuerdo de esa comunión feliz y resguardarlo con el mismo cuidado y delicadeza con el que se sostiene un tazón con leche fresca y fresas silvestres.

FICHA TÉCNICA

Dirección: Ingmar Bergman

Guión : Ingmar Bergman

Reparto: Max von Sydow, Gunnar Björnstrand, Bengt Ekerot, Bibi Andersson

Suecia, 1957

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