Apuntes sobre el primer Peter Jackson

Los millones de celebrantes de la monumental obra fílmica, la Trilogía del Señor de los Anillos (2001-2003) probablemente poco conozcan de los singulares inicios de la mente encargada de la hazaña de plasmarla en pantalla, Peter Jackson.

Y sin embargo es alumbrador comprender la muy probable intuición que animó cintas de tan bajo presupuesto como Mal Gusto (1987) o Meet the Feebles (1989), en donde el joven cineasta neozelandés dio muestras de conocer y amar cada especificidad determinada del género fantástico, para obsequiar a sus espectadores con una miríada de divertidos e irreverentes guiños cinéfilos.

Braindead

Pero aunado a esto Jackson expone aquí en sus primeros pasos, algo que lo destacaría con respecto a otros buenos cineastas de Serie B (por ejemplo Yuzna, Craven o Stuart Gordon), y que lo catapultarán posteriormente a las alturas. Este determinante quizás pueda explicarse como la capacidad de Peter Jackson para jugar con los sentidos de una estructura de discursos precisa en este caso, la del cine gore.

Porque el primer Jackson procede con una suerte de anarquismo cinematográfico, emuladora del anarquismo epistemológico del inolvidable filósofo Paul Feyerabend, aquel del célebre “Todo vale”, es decir, cualquier discurso tiene el derecho de ser tomado en cuenta si cumple con su función para determinados propósitos; así sea la propuesta más extravagante, tiene su propia valía en nuestro mundo de naturaleza verbal y dialogada.

Así igual Jackson, en su obra más importante de esta etapa, la grandiosa Braindead(1992) en donde se ocupa en dinamitar los parámetros establecidos del cine gore (incluso varios instaurados por valientes como Cronenberg, Yuzna o el mismo Sam Raimi). Para esto Jackson tergiversa la narrativa visual con todo el “mal gusto” posible -no (sólo) en sentido soez, sino en cualquiera que sea dado a expresarse. Si en la delirante Meet the Feebles la ironía era el dispositivo para lograr la ruptura de lecturas deseada, en Braindead es más bien el exceso, la sobreabundancia de imágenes, una saturación enervafascinante que toma por sorpresa al espectador y ya nunca lo suelta.

De pronto al visualizar esta cinta hipersangrienta uno se pregunta si acaso le están hablando en serio, o si la seriedad de lo real allende las luces encendidas, no será más bien sino una colosal tomadura de pelo. En este sentido sinsentido el joven Jackson triunfa: en mostrarnos que todo vale en pantalla, porque Todo es posible, en cuanto la posibilidad no está ausente en Nada.

Esta expresividad jubilosa sin freno, será traspasada luego al interior de unos seres atormentados por su propia libertad de saberse contingentes en la cinta Heavenly Creatures (1994) con la guapa y grande Kate Winslet. De aquí se dará el despegue definitivo de Peter Jackson a la celebridad, desde las simas narradas en esta cinta a las cimas de la Tierra Media, por impulso sólo de una intuición genial y arriesgada, aventurera y victoriosa.

Escena de Braindead:

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