Ingmar Bergman: Lo inefable, Alma y Elisabeth

En la noche le sucede algo extraño a Alma. Durante las primeras horas duerme muy bien, pero luego se despierta movida por un impulso tiránico…tiempla unos instantes y no se siente bien, pero el sueño se apodera pronto de ella. Despierta ante el hecho de que alguien se mueve en la habitación. Es una forma blanca que se mueve ligeramente y en silencio cerca de la puerta. Al principio Alma tiene miedo pero luego percibe de inmediato que Elisabeth ha entrado a su recámara.

Por alguna razón, Alma no dice palabra. Está acostada, inmóvil, con los ojos semicerrados. Elisabeth se acerca al lecho; está vestida con un largo camisón blanco y con una breve chaqueta de lana. Se inclina hacia Alma y roza sus mejillas con los labios. Sus largos cabellos caen sobre su frente y envuelven los dos rostros.

bergman

CUARTO DE ALMA-NOCHE

Plano semigeneral del cuarto, hundido en una oscuridad casi irreal, esponjosa. En primer plano Alma acostada en el lecho; al fondo, dos puertas: una de ellas sólo cerrada por una cortina transparente. A lo lejos se oye la sirena de un barco que resuena de tiempo en tiempo, sonido lúgubre, como si el sonido estuviera perdido en la noche y la bruma…Alma aunque agitada, parece dormirse poco a poco, mientras detrás de la cortina aparece la silueta (casi etérea) de Elisabeth.

Sirena del barco. Elisabeth entra en el cuarto; esta vestida con un largo camisón blanco y avanza hacia el lecho de Alma como en un sueño. Se detiene ante el lecho, mira a Alma que finge dormir y vuelve el rostro hacia la otra puerta que Alma dejó abierta. Se dirige hacia allí, luego muy lentamente vuelve hacia el centro de la habitación, mientras que en primer plano Alma entreabre lentamente los ojos, se sienta en la cama y termina sentándose para dirigirse hacia Elisabeth. Sirena del barco. Plano cercano de las dos mujeres, de pie, una junto a otra. Elisabeth acaricia el rostro del Alma, su mechón de cabellos; Alma le permite hacerlo y doblega la cabeza sobre el hombro de Elisabeth; ésta le acaricia tiernamente el cuello y luego posa allí sus labios.

***

LA VOZ: Quizá uno…O bien el otro que predomina, y así eso se une. No, no desde el interior. Eso debería producirse, pero, como estoy allí yo misma…Sí entonces se puede llorar o arrancarse las piernas…

LA VOZ: Los colores, el movimiento rápido, la repugnancia incomprensible al dolor, y también todas las palabras. Yo, yo, nosotros, ¿cómo se llama eso?… ¿qué es lo que más se acerca?… ¿en qué me empecinaré?

LA VOZ: El fracaso que no tuvo lugar cuando debió…que llegó en otros tiempos, imprevisto, sin advertencia. No, no…ahora es otra clase de luz, no es sino cortes y desgarraduras, nadie puede defenderse.

En ese momento, el aparato de proyección deberá detenerse. La película podrá desgarrarse o el proyeccionista, por error, cerrar la cortina… o quizá se produzca un cortocircuito. Todo el cine quedaría a oscuras. Pero no es así. Creo que las sombras continuarían en su actuación, incluso aunque una interrupción bienhechora aliviara nuestro malestar. Quizá ya no necesitan proyector, ni película fotográfica o magnética. Ahora avanzan hacia nuestros sentidos, profundamente, a través de nuestra retina o de las más bellas ramificaciones del oído. ¿Es así? O tan sólo imagino que las sombras siempre son poderosas, que su furor continúa viviendo sin la ayuda de las imágenes, este desfilar de una exactitud lamentable, veinticuatro imágenes por segundo, veintisiete metros por minuto.

Extractos del Guión de la cinta Persona escrito por Ingmar Bergman, y publicado por Ediciones Era, México, 1970.

Print Friendly, PDF & Email



Tags:

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Top