Algo mas sobre Taxi Driver

Habiéndose tratado aquí de buena manera acerca de esta destacada cinta, Taxi Driver (1976) sólo quisiéramos ahondar en la relación que guarda la obra maestra de Martin Scorsese con la inmortal novela del escritor Fedor Dostoyevsky, Crimen y Castigo. En el taxista Travis Bickle ( Robert De Niro), es posible encontrar un trasunto del estudiante ruso Raskolnikoff de la novela citada. Ambos son antihéroes-pensadores atormentados, producto de un ambiente sórdido y decadente.

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Los dos jóvenes son seres oscuros, solitarios, que en su reflexión enfermiza y monologante toman conciencia de su propia naturaleza ambigua: al contemplar con talante crítico su entorno social, identifican su propia esencia enraizada en esa misma podredumbre que censuran.

Y con esa fuerza interior hallada en sí, pugnan por ir más allá de, transgresión suicida a través de una “épica” criminalidad: Raskolnikoff asesina a un par de viejas usureras. Travis planea atentar contra un político de moral incierta; ambos “vengadores sociales” desconfían del orden general imperante; pero fracasan al intentar imponer su propio orden personal, en actos absurdos. Luego, la presencia de dos seres angélicos- puros y trágicos, las jóvenes prostitutas, Iris (Jodie Foster) para Travis y Sonia para Raskolnikoff, les proporcionarán la oportunidad de transgredir su propio sujeto criminal, de escribirse a sí mismos, borrando todo destino fijado, toda trayectoria existencial determinada por su contexto, y aventurarse en una búsqueda de su propio sujeto ahora como capaz de ser en el sacrificio noble por rescatar a esas jóvenes sufrientes pero dignas, divinas por inocentes.

Hay que ser- capaces- de reconocernos culpables hasta el límite, para que la inocencia perdure en el mundo, aunque sea sólo eso, aunque sea sólo esperanza. Así Raskolnikoff confesará su crimen entregándose a las autoridades para pagar las consecuencias de sus actos, condenado en Siberia. Y Travis por su parte, luchará para salvar a Iris de las garras del lenón “Sport” Matthew (Harvey Keitel) y de sus clientes ruines y lascivos, transformado en un enloquecido punkie, con inédito arsenal incluido (en la preparación de sus singulares armas, hay otra referencia a Crimen y Castigo)

Y en esa batalla final de Travis, esa ultraviolenta secuencia fílmica prodigiosa, más allá de retratar un brusco cambio de mentalidad de décadas (anticipando la actitud de los ochentas tempranos, ante los setentas fenecientes), hará homenaje de gigantes como Peckinpah y anunciará a brillantes cineastas como Tarantino, por ejemplo.

Repetimos: Taxi Driver y Crimen y Castigo son obras maestras, creaciones artísticas de manufactura perfecta, un auténtico legado de arte duro y profundo para todos los tiempos.

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